'Django desencadenado' - Kill Leo
A Quentin Tarantino le pueden los excesos, tanto como querer ser excéntrico para dejarse notar y reverenciar todo aquello con lo que ha crecido. Como persona, y como cineasta. Aunque tenga más de ese niño que todos llevamos dentro que del adulto que 'Pulp Fiction' demuestra que algún día llegó a ser.
Tarantino, a efectos prácticos, es un niño jugando a ser cineasta. Un buen cineasta que se resiste a madurar. Un adulto que se resiste a dejar de ser niño, a dejar de maravillarse con las películas; en especial, con las que hemos crecido y consideramos abiertamente que forman parte de nuestras vidas.
'Django desencadenado' se podría haber partido en dos, al igual que 'Kill Bill' para que así Tarantino se hubiera podido explayar y/o desvariar a su discreción, como tanto le gusta (y por partes, también nos gusta). Aunque al igual que en aquella, el beneficio de una de las dos hubiera podido ser en perjucio de la otra. O se podría haber recortado, haberle quitado esos 10, 20 ó 30 minutos que marcan la diferencia respecto a filmes que duran lo que tienen que durar. Como sin ir más lejos, claro, 'Pulp Fiction'.
Esos 10, 20 ó 30 minutos de caprichos y detalles que no necesariamente suman a favor de la película, sino del ego de un cineasta consentido con síndrome de Peter Pan al que sus tutores legales no se atreven a decirle que no. Y así seguirá siendo mientras se lo aplaudan sin medida ni vergüenza. Una molesta tendencia onanista hacia el exceso por parte de una cineasta que no resiste la tentación de gustarse demasiado -cameo incluido- en cuanto puede. Aunque eso suponga un claro desequilibrio para el filme.
Tarantino es un buen cineasta, siempre comprometido a proponer con cada nueva película. A que cada película cuente, y que además lo haga por sí misma. Películas que dejando de lado hasta que punto homenajean o saquean de otras, nunca dejan de ser "de Tarantino". Hasta el rabo todo es Tarantino. 'Django desencadenado' no es ni una excepción, ni mucho menos una mala película. Pero carece del equilibrio de, sin ir más lejos, sus tres primeras películas. Sí, incluyendo también 'Jackie Brown'.
Películas que tienen equilibrio, a las que prácticamente no les sobra (ni les falta) nada a diferencia de 'Kill Bill: Volumen 2', 'Death Proof', 'Malditos basterdos' y esta 'Django desencadenado'. Es el talón de Aquiles del cineasta, que no está dispuesto a sacrificarse en favor de la película, del conjunto; más bien al revés. Un cineasta que piensa más en sí mismo que en el espectador, y que desoye lo que la obra, la propia película le pueda estar demandando, tanto en cuestiones de ritmo como también de narrativa.
Por partes, todo en 'Django desencadenado' es de notable; en especial, las actuaciones. Como marca el canón, cualquier momento es susceptible de ser icónico. El problema, al igual que en 'Malditos basterdos', es la falta de medida y de equilibrio de un conjunto irregular, veleidoso, antojadizo y agotador en la suma. Más cohesionado e hilvanado que aquel de 2009, sí, pero a la postre igualmente agridulce al arrojar, de nuevo, la suma de sus factores un resultado inexacto para con sus bondades.
Sus bondades, numerosas. Es Tarantino, es cine. Incuestionablemente. Puro cine sin cortar, que más que presentarse ante el espectador se arroja a su cuello, exigiendo casi lo menos que la cartera y la vida. Cine con síndrome de Peter Pan, tan visceral como respetable que llegado el momento se olvida, tan encantado de haberse conocido, que estás en una sala de cine. Pero en la que aún así sigues estando, mirando no tan furtivamente el reloj a la mínima que la película se abre en canal al capricho.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

¿La primera vez no tenía música o qué?
Yo la vi en VO desde un inicio así que no puedo comparar.
El caso es que no sé si lo comenté la otra vez pero la BSO es buenísima también
Como dijo hace unos días en Cannes, a Tarantino le gusta repetirse; sin embargo, siempre hace algo que haga que su película acabe pareciéndonos diferente a mucha gente, que no a todos, como en esta ocasión en la que ha probado suerte con el Western y el cambio de género le ha sentado bien al director.
Rodeado de nuevas caras y viejas caras, Tarantino desarrolla en el viejo oeste una historia de venganza que ya hizo con la saga de ‘Kill Bill’ siendo el protagonista ahora un hombre negro esclavizado cuya aparición del Dr. King Schultz le cambiará la vida.
¿Y que se puede decir de ‘Django desencadenado’? Pues es volver a ver la fórmula de Tarantino adaptado al western, pero, como he dicho, no sé como lo hace que siempre parece una idea fresca. Música variada, Samuel L. Jackson, Christoph Waltz (podríamos considerarle ya un habitual de Tarantino, supongo), sangre a raudales…y, aún así, no acaba en la monotonía, sino que acaba dejándonos llevar por los acontecimientos que rodean a los dos protagonistas (porque Christoph Waltz también es protagonista de esta historia, aunque la Academia de Hollywood piense lo contrario).
‘Django desencadenado’ se mantiene gracias sobre todo a sus personajes cuyos actores están muy bien (sobre todo Leonardo DiCpario, Christoph Waltz y Samuel L. Jackson, al que se me hace raro verle en un papel así y no de tipo duro) y una buena música que acompaña a la, casi siempre, ágil narración.
Sin embargo, creo que a esta película le ha faltado una escena realmente poderosa, y salvo alguna escena aquí y allá, no me pareció que la película tuviera una gran escena. Y aparte, repito, se me hizo un pelín larga.
El resultado global es de satisfacción, que no de entusiasmo ni mucho menos como me pasó con ‘Malditos bastardos, pero una cosa muy importante es que todavía ninguna película del señor Tarantino ha conseguido decepcionarme mucho, y eso es muy difícil de conseguir.