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'Kursk' - El reflejo de una historia real

Vía El Séptimo Arte por 04 de diciembre de 2018
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Viendo una película como 'Kursk', siempre me preguntó el por qué no hay más producciones de este tipo dirigidas por gente como Thomas Vinterberg. Para entendernos: Producciones de este tipo, en las que pudiendo dejar que la función sea absorbida por los efectos especiales, en su lugar, se hace hincapié en el aspecto humano de la historia. Se presta mucho más que otras a ello, es cierto, pero no es menos cierto que llegado el caso, como que eso puede se lo de menos, que puede dar completamente lo mismo.

Lo importante, para el caso, es que Vinterberg, como corresponde a un realizador de su categoría, se centra en contar una historia. En lo que atañe a los personajes, y con ello, en lo que atañe a los espectadores como personajes potenciales. Pero ante todo, en contar una historia. Porque como corresponde a un realizador de su categoría, Vinterberg es ante todo un narrador. Del punto A al punto C pasando por B. EL ABC de la narración cinematográfica, de una sencillez teórica que choca a menudo con su aparente dificultad en la práctica.

Sea como fuere, 'Kursk' no es una gran película; tampoco, una con la que Vinterberg (o en su defecto Luc Besson, como productor) vaya a hacer carrera. Es, en suma, una producción que fácilmente, los más ariscos, pueden tildar de ser poco más que un telefilme de lujo. Parte de razón no les falta, claro que de todas las cualidades netamente negativas asociadas al concepto de "telefilme" hacen aquí aguas en cuanto Vinterberg, como todo buen artesano, hace que lo difícil parezca fácil (y sencillo).

No olvidemos que 'Kursk' juega con las cartas marcadas. Con una historia que la mayoría de su público objetivo conocerá; si no entera, si en parte; probablemente, la parte más importante. Y sin embargo, Vinteberg mantiene la empresa a flote a través de la discreción y la concreción; del enfoque certero y fluido; del paso de la A a la C por el camino más directo, la B. EL ABC de la narración cinematográfica envuelto por una producción que no brilla, porque tan sólo necesita arropar.

Y es que no se trata de brillar, tampoco de honrar a nadie o de malmeter gratuitamente, aunque los rusos, como esa entidad malvada sumida en una perpetua Guerra Fría que los americanos nos han vendido junto con la Coca-Cola, no salgan bien parados. Se trata, simplemente, de obrar ese pequeño milagro consistente en dar vida a las palabras de un artículo de Wikipedia como si de un flashback fuera. Y visto así, de manera que pueda ser vista en una escuela, luce lo justo (y apropiado).

Por mis palabras, deduzco, sospecho, intuyo, que 'Kursk' no me ha entusiasmado de igual modo que me ha convencido. Y el uso de las palabras, una vez más, no es fortuito: Convencido, que no enamorado; respeto, que no amor. 'Kursk' sobrevive al hándicap del relato "basado en hechos reales" dentro de los parámetros de una sobria y sólida convicción dramática: Lo importante es contar lo que cuenta, que lo cuenta. Algo que en teoría parece sencillo, pero que en la práctica debe ser todo lo contrario.

Porque en un mundo donde todo o es lo mejor o es lo peor, la mayoría de los demás seres de carne y hueso, sudor y lágrimas estamos justo en medio. Ese mismo lugar en dónde Matthias Schoenaerts (y compañía) se convierten en un reflejo de lo que nos hace humanos, seamos rusos, británicos o de cualquier otro lugar. Al final, dos horas después, permanece ese mencionado reflejo: El de una historia real que como no necesita de una gran película para ser conocida, le vale con una muy digna para ser recordada.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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