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'La sombra de la ley' - La peste guapa

Vía El Séptimo Arte por 11 de octubre de 2018
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'La sombra de la ley' es al cine español lo mismo que 'La peste' es a las series españolas; esto es, a nivel técnico, a nivel formal, es una soberana sobrada. Como se suele decir coloquialmente hablando, Dani de la Torre "se la saca". O más bien, se la vuelve a sacar si tenemos en cuenta que ya lo hizo y por menos con 'El desconocido', su ópera prima.

Algo así como la versión patria de 'El imperio de las sombras', aquella joya que no lo era tanto de Kim Jee-woon que en cualquier caso, a nivel formal, a nivel de producción, lucía francamente bien. También ambientada en los años 20, con la amenaza de una guerra latiendo al fondo y un protagonista que tan pronto está en una bando como lo está en el otro.

Es cierto que se gusta demasiado, y que sitúa lo ornamental por encima de lo narrativo; que hay alguna que otra decisión argumental discutible, con varias puntadas sin hilo que deshilachan el conjunto; o que el tercio final es demasiado precipitado, con un clímax carente de emoción más cercano al trámite que a una resolución (o a un nuevo comienzo).

También que aunque luce bien, sobradamente bien, carece de alguna escena o momento realmente contundentes, ya sea de acción o no. Pero a nivel formal, a nivel de producción, es una película estupenda, en todos los frentes, que además lo es sin dejar de ser a la vez genuinamente española. Sin perder nunca la compostura, sin perder nunca la elegancia.

Con esa dignidad de toda producción "que va de sobrada" hasta cuando luce el camisón. La entereza de quién anda erguido, con la espalda recta y la cabeza (muy) alta. Como si fuera el Rey del mundo y la belleza, la belleza de sus formas unido a sus buenas maneras, la mejor carta de presentación posible. Todo entra por los ojos, al fin y al cabo.

Una delicia, quizá más a nivel audiovisual que a nivel emocional, dónde no hay mayores sorpresas que la solvencia de su corrección, que no es poco. La de un buen reparto, una educación y un respeto que no enganchan ni por cojones ni a través del chantaje emocional, sino por puro protocolo. Porque lo que luce, luce aunque lo haga con frialdad artesanal.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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