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'Little Amélie' - El fabuloso destino

Vía El Séptimo Arte por 01 de noviembre de 2025
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'Metafísica de los tubos' se centra en los primeros tres años de vida de un ser obsesionado por el agua que, disconforme con su entorno, adopta la inerte forma de tubo como condición existencial. Con la crueldad, realismo y peculiar humor al que nos tiene acostumbrados, la escritora belga Amélie Nothomb rememora episodios de su infancia en Osaka, en Japón, a través de una narración que combina filosofía y fontanería...

Que la protagonista de 'Metafísica de los tubos' sea un bebé superdotado que opta por vegetar, que se autoproclama Dios y que se niega a manifestar sus emociones hasta que descubre el sentido de la vida en una barrita de chocolate, y la muerte en un estanque habitado por repugnantes carpas, constituye un acto de coherencia con un universo literario en el que la obsesión por venerar el paraíso de la infancia es un tema recurrente...

'Little Amélie' está basada libremente en la citada 'Metafísica de los tubos', en una película a juego con la obra original sobre los primeros descubrimientos, la identidad y la manera en que aprendemos a comprender el mundo. Con un estilo visual tremendamente plástico, particular y virtualmente único, la ópera prima de Maïlys Vallade y Liane-Cho Han combina fantasía, memoria y mitología cultural para ilustrar el despertar de la conciencia de una niña.

Dicho poderío visual es lo que más caracteriza a 'Little Amélie', entrañable película de una belleza estética cautivadora concebida, en gran medida, como cine infantil para adultos. Una producción francesa no obstante de clara caligrafía (y herencia) japonesa que va directa al grano, con apenas 75 minutos de metraje que la reducen a ser tan sabrosa y nutritiva como un bombón. Una analogía que se ajusta y define a la perfección a este dulce.

A esta no precuela de la 'Amelie' de Jean-Pierre Jeunet en la que sin embargo es inevitable pensar; aunque sólo sea por el nombre de pila, o porque es inevitable esbozar una sonrisa cuando oyes hablar de cualquiera de ellas.

Aunque sólo sea porque ambas son un regalo para los ojos de un adulto que aún conserve algo de esa inocencia infantil, tan deliciosa como esquiva a medida que la vida y la realidad nos van poniendo fecha de caducidad.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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