Buscador

'Motor City' -

Vía El Séptimo Arte por 01 de julio de 2026
Imagen destacada

Puede que tal vez le reconozcan: Alan Ritchson es conocido por ser Jack Reacher en la serie de Prime Video. Antes, cuando (o me lo parece a mí) no estaba tan hinchado, también fue una de las 'Tortugas ninja' de Michael Bay o uno de los protagonistas de 'Blood Drive', una serie B televisiva bastante divertida. En fin, a diferencia del otro 'Jack Reacher', su imponente presencia no parece permitirle demasiadas opciones: No es desde luego una persona que pase desapercibida cuando entra en un bar...

De hecho, cuando entra en un bar... sin duda, intuyes problemas. Sólo con mirarle. No hacen falta palabras.

'Motor City' se aprovecha precisamente de esto: De unos músculos que no necesitan palabras. Como tampoco los necesitó Joel Kinnaman en 'Noche de paz', o Kaitlyn Dever en 'Nadie te salvará'. Porque a veces, para decir una tontería, mejor no decir nada. Baste una mirada... baste una presencia como la de Ritchson que de por sí augura problemas; que de por sí exige problemas. Las dos cosas que precisamente destacan de 'Motor City': Ni Ritchson ni la violencia necesitan de subtítulos.

Son un lenguaje universal. Como las matemáticas, pero más entretenido y divertido. No hacen falta números.

'Motor City' destaca por su honestidad como una arquetípica, estilizada y cruda película de acción (y alma) setentera que cumple exactamente lo que promete. La ausencia de diálogos, como elección estilística, tiende tanto a la simplificación y la sobreactuación como a una depuración de la narrativa visual en la que el sonido toma la palabra. Sin diálogos, el director Potsy Ponciroli se centra en la pureza de una propuesta desacomplejada que no tiene por qué negar la mayor para encajar en la actualidad.

Si la imponente presencia de Ritchson no es sutil, 'Motor City' tampoco tiene por qué serlo. Remitiendo a filmes como 'Hardcore Henry', vive y muere por una apuesta que el mencionado Ponciroli esculpe sin ambigüedad, vergüenza o tibieza. Puede que a veces de manera forzada, pero la mayor parte del tiempo como un estiloso divertimento tan histriónico como contundente, tan kitsch y genuino donde la ausencia de diálogos realza la visceralidad de sus virtudes frente a sus posibles defectos.

Esto es, ¿para qué hablar pudiendo darnos de hostias? Por algo el Reacher de Ritchson es más grande que el otro...

 

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

Temas relacionados

< Anterior
Siguiente >