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'Predator' - Estuvieras o no en los años 80

Vía El Séptimo Arte por 14 de septiembre de 2018
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Vaya por delante que, como individuo nacido en los 80, muy al principio de los 80, el "Depredador" ha sido una parte importante, esencial en mi desarrollo como persona ociosa de escaso provecho. Ahí ha estado siempre, desde el principio de los tiempos, como uno de los referentes en cuanto al cine en general. Vaya por delante, por lo tanto, que por mi pueden hacer todas las películas que quieran, que ahí seguiré estando en primerísima fila de combate. Como un niño.

Echo la vista atrás, y compruebo que he disfrutado de todas y cada una de las películas de una franquicia que dicho sea de paso, tampoco es que haya puesto el listón especialmente alto. Incluso de 'Alien vs. Predator 2', la peor de todas sin duda, y en realidad, la única que considero mala, mala. Esta nueva 'Predator' no es la excepción sino que además, es la película que ha vuelto a poner el listón por encima de lo buenamente disfrutable. Estuvieras o no en los años 80.

Shane Black ha entendido buena parte de la gracia del personaje, adaptándolo, de paso, a su propia concepción de película: Aquello que se ve con amigos y una cerveza en la mano. Y es que por más que le puedas dar vueltas, las cosas como son: El "Depredador" es un puto bicho, y la que llevaba los pantalones era Ellen Ripley. El personaje, la saga, la franquicia, carece de algún tipo de propósito divino o una historia que no sea una excusa de carácter netamente festivo.

Y así es 'Predator', una película netamente sociofestiva dónde hasta sus imperfecciones -unas cuantas- suman a la cuenta, potencialmente, tanto de los iniciados como de los que se aventuran por primera vez. Una película netamente sociofestiva, y claramente autoconsciente que se toma en serio lo justo, y necesario para estar continuamente de broma, literal o figurada, sin perder la compostura como serie de B de lujo para los multisalas más prestigiosos de la región.

'Predator' se disfruta, por instinto, con sangre, con la misma facilidad con la que se veían los también 100 minutos del primer 'Deadpool': La de quién voluntariamente, en plena posesión de sus facultades mentales, elige una inversión en tiempo y dinero como la de 'Predator'. Y a disfrutar, lo dicho, de hasta sus imperfecciones, heridas heredadas de otra vida y un proceso de producción que han dejado marca, pero de la que sale viva con ese "chichi" tan grande que tiene, ese "chichi" tan grande que tiene.

Partiendo de la certeza matemática de que nunca habrá una como la primera, 'Predator' está bien, lo suficientemente bien, al menos, como para cumplir como divertimento distendido bañado en sangre, chistes y referencias. Gracias, y a pesar de Shane Black, alguien sin el aura de un George Miller para imponer su visión, y un mejor guionista que director. Y es que en 'Predator' hay más ideas que hechos consumados, y como mínimo, tanto estudio como autor (o más).

Claro que también hay mucho humor, amor por el público, respeto por la franquicia y una soberana ración de mala leche coronada con un reparto simpatiquete (con Sterling K. Brown a la cabeza). Y por supuesto nuestro amijo, el "Depredador", que lo es aún a pesar de unos efectos digitales que aunque buenos, no terminan de vestir a la mona de seda como se pretende. Pero claro, 'Predator' no podía ser perfecta, y por eso mismo se la disfruta todavía más, en directo y en diferido.

Sobre todo en diferido, en nuestras cabezas. Como lleva haciendo desde los 80.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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