'The Furious' - A toda hostia
'The Furious' es la segunda película dirigida en solitario por Kenji Tanihaki, conocido hasta ahora por ser coordinador de especialistas y/o coreógrafo de acción en películas como 'Raging Fire' o 'La ciudad de los guerreros'.
Y la segunda película (en solitario) de Kenji Tanihaki es el recital de hostias que promete (y aspira a) ser. Un contundente y estilizado recital de hostias que destaca por sus excelentes coreografías, su agresividad física y, al igual que la citada película de Soi Cheang, un clímax brutal: una intensa y sufrida pelea a tres bandas entre cinco contendientes, tras la que uno acaba tan machacado como tras la de Iko Uwais y Cecep Arif Rahman que ponía el broche de oro a 'Redada asesina 2'. Y eso que uno sólo ha mirado (desde la incomodidad de su butaca).
Una pelea final en la que, por cierto, se vuelven a enfrentar Joe Taslim y Yayan Ruhian, en la que puede o puede no ser la revancha de aquella no menos mítica que ya mantuvieron, precisamente, en la primera 'Redada asesina'...
En fin, que puede que a nivel de historia, guión o personajes 'The Furious' ni esté particularmente trabajada ni sea especialmente llamativa. Que como película sea muy simple y directa, no más que una excusa -con apenas tiempos muertos- para la tortas. Da lo mismo, que lo mismo da. Tanihaki va a lo que va, y va con todo a presentar un recital de hostias tan convincente y sucinto -ni de dos horas que pasan en un suspiro- como para convertir a 'The Furious' en un clásico moderno instantáneo de obligado visionado para los fans del género.
De los que hacen afición, de los que son leyenda.
En lo que esperamos no sea el único, sino el primero de al menos otro más. Que sea, por qué no, su particular 'Redada asesina' o 'Headshot', esto es, la antesala de su particular 'Redada asesina 2' o 'The Night Comes For Us'.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex










La premisa de secuestro y venganza, puestos a poner referencias, te la firma Steven Seagal o Jason Statham. Y desde el principio pareces tener claro cómo va a acabar. Pero lo importante es el camino. Y el camino está lleno de escenas apoteósicas de acción, con un maravilloso, citando su cartel "virtuosismo técnico". La trama es sencilla pero que haya dos personajes principales en vez de uno le aporta riqueza. Todo funciona genial hasta el momento que pareces confirmar lo que esperabas desde el principio para su desenlace, pero de repente piensas: «No ha pasado tanto rato. Le debe quedar metraje, pero esto parece que esté acabando.»
Y entonces la película te obsequia con una recta final de absoluta locura. Si ya la estabas disfrutando bastante, te multiplica todas las sensaciones x100. Su acción, potencia visual y derroche de sangre se desatan y si ya antes te había dejado con la boca abierta en algunos momentos, aquí te es imposible cerrarla.
Después de tropecientas películas a las que le colocaban el cartel de "lo mejor del género" en años, esta sí lo merece, con letras mayúsculas.
Nota: 7'5