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'Trolls 2 - Gira mundial' - Más, y ya

Vía El Séptimo Arte por 22 de octubre de 2020
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Una canción puede obrar un milagro. O puede que tal vez no tanto, pero sí ser un argumento más que suficiente como para torcer el gesto de la cara a favor de la corriente. Ocurría sin ir más lejos con el primer 'Trolls', y como era de esperar, o más bien de desear, vuelve a ocurrir lo mismo con su inevitable secuela, 'Trolls 2 - Gira mundial'. Una secuela evitable e innecesaria, pero también una secuela inevitable que tampoco está de más.

Si la primera estaba bien, esta segunda no está mal. Lo esperado. Suficiente, o más que suficiente por parte de una DreamWorks Animation que ha pasado de competir con Pixar a intentar que Blue Sky no le saque los colores. El estancamiento de la compañía una vez más es evidente, tanto como su escasa intención por desplazarse de una zona de confort que domina con tanto soltura como tan poca pasión. ¿Acaso cabe esperar lo contrario?

Al igual que la primera, esta secuela no es, o no tiene por qué ser una mala película. Tampoco tiene por qué ser una mala cinta de animación. Es otra producción resultona, mejor que las malas pero peor que las buenas con la que pasar un buen rato distraído. Junto con la primera, de lo más resultón que ha hecho DreamWorks Animation en bastante tiempo... es posible, tal vez: A decir verdad no recuerdo qué han hecho en los últimos años.

Da igual: Si en 'Trolls' encontrábamos música, alegría y buen rollo, en 'Trolls 2 - Gira mundial' encontramos más. Más, no necesariamente mejor pero sí más variado. Y el resultado viene a ser el mismo: Acabas tatareando entre dientes y con ganas de mover -un poco- el esqueleto. Porque a fuerza de convencernos de que no hay nada más, ahora podemos conformarnos conque tampoco hay nada menos. Es una 2ª parte, veníamos justo a esto.

De nuevo, el ritual de lo habitual teñido, de nuevo, con algo más color y música de lo habitual. Para todos los públicos, inofensiva, de muy fácil visionado y con agrado, sin sorprender (o incomodar) a nadie con pelos en la entrepierna. Le falta, también, de nuevo, una pizca de libertinaje para romper sus ataduras y ser de verdad, completamente libre. Pero eso implicaría cierta ambición y sobre todo la intención de querer superarse. Y no, no es el caso.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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