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'El recuerdo de Marnie' - Es duro decir adiós...

Vía El Séptimo Arte por 17 de marzo de 2016

El recuerdo de Marnie

Como cuando el profesor de aquella asignatura que ni te gustaba ni se te daba bien preguntaba en clase y tú, desesperado, no dejabas de consultar en tu muñeca la hora de escapar de ahí. Esa sensación es la misma sensación que provoca 'El recuerdo de Marnie' después de sus siete finales (que incluso continúa con un "bonus track" durante los créditos). Aunque todo es relativo. Y en este caso no iba a ser menos.

A la por ahora última producción de Studio Ghibli -crucemos los dedos de las manos y los pies- le sucede algo parecido a lo que algunos dicen que le sucede a Pixar: que su voluntad claramente melodramática atenaza a una historia doblegada a tal fin, corresponda o no... lo esté o no. Y en gran medida así es: la cinta de Hiromasa Yonebayashi es un melodrama (de narices) que busca descaradamente la emoción del espectador a lo largo de sus últimos 30 minutos. Es ahí cuando uno siente ESA sensación, cuando uno SIENTE que a Yonebayashi se le va de las manos con tanto subrayado y reiteración innecesaria que, por supuesto, juega en contra de unos intereses que siempre salen ganando si se concentran todos los golpes en un instante concreto.

Pero no, estos se diluyen a la par que lo hace el guión y la sutileza en una cadena de sucesos donde cada nuevo presunto "golpe" parece un parche "del anterior", y así sucesivamente para ver si acertamos de una puñetera vez a generar esa pérfida lágrima de consentimiento.

No obstante esto afea, más no hunde una cinta ni mucho menos que, aún así, se disfruta casi a la altura de unas circunstancias (un tanto menguadas). Casi. Hablando del Studio Ghibli, que menos que una caligrafía de primera y el habitual mimo con el que se desarrolla la narración, al menos durante una primera hora que no debería de sonrojar a ninguno de los fans del estudio de animación japonés. Lo que sucede a partir de ahí rompe el encanto y abre la puerta a un poso de amargura a la altura de lo que sucede con Mamoru Hosoda y 'El niño y la bestia', o de lo que la gente erróneamente dio por sentado que le sucedía a Pixar con la estupenda 'El viaje de Arlo': que la excelencia (o el nombre) del pasado refleje un presente en el que no exista dicha excelencia. Y eso no es relativo. O tal vez si.

Lo que está claro es que toda la emoción que pretende transmitir 'El recuerdo de Marnie' queda reducida a migajas al lado del epígrafe que la acompaña: "La última película de Ghibli". Ese si es el auténtico drama. Y aquí sí, lo sigue siendo tantas veces como se pronuncie.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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