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'28 años después: El templo de los huesos' - El doctor y los diablos

Vía El Séptimo Arte por 13 de enero de 2026
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'28 años después' se estrenó hace siete meses. ¿Qué recuerdo de ella siete meses después? A Ralph Fiennes.

¿Qué recordaré de '28 años después: El templo de los huesos' dentro de siete meses? A Ralph Fiennes... bueno, y supongo que también a Sansón, cuya relación con el Dr. Ian Kelson vertebra la parte más interesante y estimulante, tanto de esta como de la anterior película (según me quiero acordar). 

Una anterior película que, ya adelanto, no me convenció. En gran medida por culpa de un Danny Boyle empeñado en sabotearla. En cargársela con una dirección que sigo sin entender, digna del Uwe Boll de 'House of the Dead'. De ahí que desde entonces no pueda evitar pensar en él como Danny Boll...

A la que no se le va la pinza es a Nia DaCosta, quien en esta secuela se aplica en hacer lo que se supone que tiene hacer un cineasta con todo guión: plasmarlo en la pantalla de la manera más eficaz posible. Salimos ganando con el cambio, sin duda, pues DaCosta deja que sea Alex Garland quien tome el mando.

Un Alex Garland que apuesto comenzó a desarrollar estas nuevas películas a partir del personaje de Ralph Fiennes. El corazón de ambos filmes, lo único que verdaderamente se desmarca de lo habitual en el género, incluso de la propia saga. No es a los "infectados" a los que hay que temer, sino a los humanos.

Y en especial a sus falsos profetas, como un Jack O'Connell reincidiendo en su papel (y rol) de 'Los pecadores'. Nada que no hayamos visto antes... salvo por sus melenas rubias. "El miedo es la nueva fe" reza el cartel de '28 años después: El templo de los huesos'. Nada tampoco que no podamos dar por sentado.

Si algo hemos aprendido de las películas de George A. Romero o de 'The Walking Dead' es que los apocalipsis zombis son una continua lucha por la supervivencia. Tarde o temprano vendrá alguien, un O'Connell cualquiera a joderte el día. Lo que en resumen le ocurre a Fiennes al ritmo de Iron Maiden. 

Lo que en resumen vuelve a contar '28 años después: El templo de los huesos', una película "de infectados" solvente y distraída que, al igual que la anterior, cuenta con ideas interesantes envueltas en otras ideas y personajes que parecen estar sólo para que en vez de una película puedan ser tres.  

O las que hagan falta, en un posible bucle sin fin donde no hay reparo incluso en recurrir a viejos amigos... Al menos, cuanto menos, Nia DaCosta se comporta y a diferencia de Danny Boll no va de guay, permitiendo que incluso el fino humor negro del relato tenga más impacto que la crudeza de la sangre o la casquería.

Algo que parece estar "porque tiene que estar", en una película tal vez resultona y  más consistente que su antecesora, junto a la que no obstante forma un conjunto en el que la mitad de las cosas parecen estar "porque tienen que estar". Puede que eso la haga más comercial, pero también más insustancial...

O al menos es lo que parece, toda vez que la odisea de un arrinconado Alfie Williams no parece tener nada de especial en, por resumir, otra "de zombis" en la que los auténticos monstruos son los humanos... salvo por Ralph Fiennes y Sansón, lo único que probablemente recordaremos de aquí a siete meses.

 

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

 

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