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'Aquaman' - Be water, my friend

Vía El Séptimo Arte por 21 de diciembre de 2018
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- "Bueno, tendrá todo el dinero del mundo pero hay algo que nunca podrá comprar".
- "¿El qué?"
- "... un dinosaurio".

Sustituyan "dinosaurio" por un "pulpo tocando la bateria", y tendrán una definición bastante acertada de la desfachatez de 'Aquaman'. Si, es cierto: En 'Ant-Man y la Avispa' sale una hormiga tocando también la batería. Pero no es lo mismo: En la de Marvel hay un por qué, en la de DC es un simple capricho; en la de Marvel incluso sirve como base de una escena post-créditos, en la de DC es un me perdonen la expresión, puto plano de transicion sin más fundamento que UN PULPO TOCANDO LA BATERÍA.

'Aquaman' tiene una cualidad rara de ver, tan rara de ver que nuestra memoria, por inercia, pereza o falta de una conexión estable a internet, se remonta a principios de los ochenta para acordarse de 'Tron' o 'Flash Gordon'. O por qué no estando Dolph Lundgren de por medio, a 'Masters del universo'. ¿Un guiño nada casual tal vez? Sirva una imagen que en la época de los memes debería dar tanto juego como la de Philip J. Fry con un fajo de billetes en la mano: El mencionado Dolph Lundgren a lomos de un caballito de mar, presto a la batalla. Suena a chiste malo, ¿verdad?

Pero no. Lo dicho (pero que aún no he dicho), 'Aquaman' tiene una cualidad rara de ver: Un orgullo a lo "pecho palomo" que la vuelve irremediablemente entrañable. Te guste o no, que todo es posible, resulta raro que alguien pueda no disfrutar de esta versión desbocada y desvergonzada de 'El destino de Júpiter', película con la que comparte un grandilocuente tono operístico marcado por una colorida y abrumadora retórica visual tan prominente, desmesurada y libre de prejuicios como decididamente a medias de lo pulp, lo kitsch y lo que sólo funciona en la página de un cómic.

En cierto sentido, con 'Aquaman' ocurre lo mismo que con las llamadas precuelas de lo que un día fue 'La guerra de las galaxias', hoy en día 'Star Wars', con un James Wan vestido para la ocasión con la omnipresente barba de George Lucas. Algo que visto lo ocurrido con 'Los últimos Jedi' no todo el mundo tiene tan presente como debería: Que en esencia no dejan de ser, y de nuevo pido que me perdonen la expresión, una puta película. El mundo no empieza ni acaba en Tatooine, y eso es algo que entiende a la perfección un cineasta de casta como el pequeño gran James Wan.

Wan, al igual que hizo en 'Fast & Furious 7', y a diferencia de lo que haría un llamado autor, no intenta situarse por encima del género al que pertenece el filme; al contrario, lo fuerza para que aquello que le da carácter resplandezca con una luz cegadora. Wan, un auténtico artesano donde los haya, lo abraza con tanta fuerza, determinación y amor que nadie echa en falta esa "dignidad" que algunos piensan, no sin cierto desprecio maleducado, que requiere todo filme de género cuando la realidad es que no, ni falta que hace: Si 'Aquaman' es lo que es, ¿por qué disimular?

'Aquaman' es una orgullosa producción que como ocurre con la mayoría de las superproducciones hollywodienses hechas por comité, es en realidad la suma de varias películas distintas. Es ahí dónde entra en juego el talento de Wan, quién en lugar de luchar contra esta especie de tsunami coge una tabla y sin perder la sonrisa, a lo pecho palomo, se pone a cabalgar la ola como si el día de mañana no existiera. Y allí dónde algunos no son capaces de ver más que a un tío jugándose la vida, para ese tío es más que posible que no haya forma más plena de disfrutar de ella.

Esto es, en el límite. O forzando el límite. 'Aquaman' vive sobre esa cresta de la ola, sobre esa ruego que me perdonen la expresión por tercera y última vez, puta cresta de la ola. 'Aquaman' es como un deportista de alto riesgo que nos emociona y aterroriza a partes iguales: Tememos constantemente por su vida, al mismo tiempo que envidiamos su convicción para vivir el momento A SU MANERA. Ese miedo a descarrilar del que tanto se supone que viven los parques de atracciones: 'Aquaman' siempre está al borde un desastre evidente que sin embargo, a su vez, siempre acaba sorteando.

'Aquaman' es un divertimento clásico, un relato de héroes chapado a la antigua pero narrado con medios modernos. Una de Ray Harryhausen con (muchos) efectos digitales. Un antiguo cómic repintado con los rotuladores Stabilo más progres del mercado. Una "marea" arrolladora con un alto índice de compadreo, dueña de algunas de las imágenes más potentes del año (La Zanja, el duelo final...) y ese encanto del borracho que aunque borracho, o precisamente por estarlo, cuenta chistes como nadie haciendo que la velada se convierta en un auténtico placer (sea licor del bueno o garrafón).


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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