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'El final de Oak Street' - Este barrio es un peligro

Vía El Séptimo Arte por 12 de agosto de 2026
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La nueva película de David Robert Mitchell comienza como una de aquellas películas estadounidenses de los años 80 que tanto asociamos a la Amblin de Steven Spielberg. De pronto, como en aquellas, sucede algo difícil de entender planteado con una sencillez y un pragmatismo fáciles de aceptar.

Si en aquellos maravillosos años las cosas solían ser muy sencillas, hoy en día tampoco hace falta complicarlas más de la cuenta. Al fin y al cabo, tendemos a reducir las cosas a dos o tres frases que puedan servir de eslogan de campaña y dejen claro si estamos a favor o en contra. Si nos ha gustado. O no.

En el caso de 'El final de Oak Street' la mención a 'Parque jurásico' en alguna de esas dos o tres frases parece obligada. Amblin, Spielberg, dinosaurios... no es un espóiler a poco que uno sepa un mínimo. Lo que ocurre, por resumirlo en una sola frase, es que en uno de esos clásicos suburbios de los 80 aparecen, sí, dinosaurios. Con hambre, por descontado.

La razón, llegado el caso, es lo de menos, cuando podemos reducirlo a una familia de uno de aquellos clásicos suburbios yanquis de los 80 que unida -jamás será vencida- se enfrenta a su extinción. A su particular "Jurassic Park" de barrio con efectos igualmente más propios del siglo XXI que del XX. Y así durante poco más de 90 minutos altamente entretenidos.

Y sobre todo juguetones, siendo de facto la "no película" de 'Parque jurásico' más juguetona. Y después de la de 1993, casi que también la más resultona. Lo que debería de haber sido pero no terminó de ser la de Joe Johnston en 2001, recuperando aquel espíritu aventurero de los 80 donde las cosas, a decir verdad, podían ser tan sencillas... como pragmáticas.

Por reducirlo a las dos o tres frases de rigor: 'El final de Oak Street' es como una de 'Jurassic World' producida por la Amblin de los 80 que no está en deuda con nadie. Una que no se complica, y va a lo suyo sin necesidad de una inversión pornográfica ni de tres horas de metraje. Es tan de sentido común, que no por ello resulta menos estimulante y refrescante. 

Como también resulta estimulante y refrescante que como un "no blockbuster" cuente con una historia que funcionaría sin necesidad de los efectos (o de los formatos) modernos. Un "no blockbuster" filmado con gracia e intención que se sustenta en la emoción y relaciones humanas; un "no blockbuster" reducido a lo que hace funcionar lo que no deja de ser... sí, una película.

Una película que al igual que la mayoría de las que merecen la pena, conjuga una personalidad de serie con el servicio a la comunidad. Una película de David Robert Mitchell tan personal y elegante como populista y juguetona que aún a pesar de alguna inconsistencia argumental, es tan disfrutona como aquellos clásicos ochenteros por los que no parecen pasar el tiempo.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

 

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