'El ser querido' - El cine se abre camino
Sí, es complicado no pensar en 'Valor sentimental'. Pero no, eso no supone ningún problema. Puede que a grandes rasgos la premisa de 'El ser querido' sea (o parezca) la misma que la de la película de Joachim Trier. Pero ni Rodrigo Sorogoyen es el cineasta noruego, ni Javier Bardem es Stellan Skarsgård, ni tampoco Victoria Luengo es Renate Reinsve.
A efectos prácticos, ambas películas, totalmente complementarias, se parecen tanto como 'Deep Impact' se parece a 'Armageddon'. En la que nos ocupa, de hecho, la hija si acepta la propuesta del padre; es más, la película se desarrolla durante el rodaje, no antes del mismo. Aunque ambas comparten un mismo y poderoso atributo: Su incuestionable solidez.
Sí, es complicado no pensar en 'Valor sentimental'. Tanto como no caer en la tentación de compararlas. "El 'Valor sentimental' de Sorogoyen" es tan buen titular como tan buen resumen. Porque ambas, a su manera, aún con sus numerosas diferencias, funcionan (casi) de la misma manera. La vida es lo que pasa mientras dos personas intentan conectar.
La teoría es sencilla, pero la práctica es jodida. Llámalo como quieras llamarlo, que todo se resumen en un "es complicado". En la última película de Sorogoyen (e Isabel Peña), esto sucede durante un rodaje de otra película sobre el Sáhara. Muy de fondo, porque aquí no hemos venido a hablar de política. Aunque sea tan fácil mezclarla con cualquiera de los Bardem.
Un padre y una hija, él director y ella actriz, que comparten un rodaje. Él nunca ha ejercido como padre, ni ella como hija. El conflicto es claro. Pero Sorogoyen, como siempre, no lo encara de frente. Desde luego, no tanto como Trier, siendo 'El ser querido' una película con muchas más capas (para quien se las quiera encontrar y guste de un cine menos aburguesado).
No es por comparar... pero puestos a hacerlo la de Sorogoyen, dentro de la incuestionable solidez de ambas a cualquier nivel, es más completa... y a su vez más dispersa. Mientras que la de Trier es muy clásica, y en cierto sentido muy obvia, la de Sorogoyen es más esquiva. Es, quizá, la gran diferencia entre ambas: Una quiere ser más precisa, la otra más intangible.
Mientras que el noruego se plegaba al melodrama, el español no deja que esto le fije el encuadre. Así, mientras 'Valor sentimental' se sentía un filme un tanto encorsetado, 'El ser querido' se siente mucho más libre y casual. Es cierto que ambas, a grandes rasgos, comienzan y acaban (casi) en el mismo punto. Pero cada una traza la curva de manera muy diferente.
La vida puede ser complicada, y a la vez puede ser muy sencilla. El cine también. Todo está en las personas. Todo se resume en las personas y en las relaciones que establecen; en las miradas y en los gestos que aportan espontaneidad a la rigidez en la que cae en muchas ocasiones el cine. Es de hecho un puntal de 'El ser querido': Su espontaneidad entre bambalinas.
Cualquier otro se hubiera despistado, deslumbrado como Damien Chazelle en 'Babylon'. Que si el cine, que si el Sáhara, que si la abuela fuma.
Sorogoyen (e Isabel Peña) sin embargo se encuentran.
Con su habitual toque cercano y terrenal, Sorogoyen se monta su particular 'MegaDoc'. Al igual que Mike Figgis, Sorogoyen se pasea por lo que parece un auténtico rodaje ajeno, no tanto para hacer un making of del mismo como para crear un perfil de su director. No es ni es cine, es vida. Todo se resume en las personas, todo se resume en un padre y una hija.
En Sorogoyen e Isabel Peña, una de las parejas creativas más estimulantes de la actualidad; no tanto por la incuestionable solidez de todos sus proyectos, sino por la fina perspicacia dramática con la que deconstruyen cada proyecto y lo interpretan como un ente orgánico al que no hay que intentar controlar. Si el cine es vida, el cine también puede abrirse camino.
Y la mayor virtud de 'El ser querido' no es lo que muestra, sino lo que sugiere. Si el silencio da voz al sonido y la oscuridad brillo a la luz, lo que le da fuerza es la sensación, manifiesta, que al igual que 'MegaDoc' sólo es una parte de un todo. Un vistazo entrecortado a algo más grande que no pretende ponerle puertas al mar, sino entender que hay vida más allá del cine.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex









