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'El verano que vivimos' - Arbustos en la tierra

Vía El Séptimo Arte por 04 de diciembre de 2020
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'El verano que vivimos' es un claro sucedáneo de 'Palmeras en la nieve', película en la que se refleja en prácticamente todo, tanto en lo bueno como sobre todo y especialmente en lo malo. Es lo que quiere y pretende ser, lo que intenta... pero a la postre, no es. Porque más que una pasión contenida dentro de una película, es un producto urdido en la cabeza fría y calculadora de un especulador.

Al igual que aquella, 'El verano que vivimos' es un melodrama y/o un drama romántico de unos 120 minutos de duración que se deja ver, así, sin mas. Un reparto atractivo, música grandilocuente y un presupuesto holgado, en un lujo aparente que acaba siendo algo bueno y malo a la vez: Bueno, porque es algo que se aprecia en la (gran) pantalla; malo, porque tiende a lo cómodo y formulaico.

Y es que 'El verano que vivimos' es otro evidente ejercicio de estilo con ínfulas de cine clásico que se queda, en este caso, en tierra de nadie. Un relato conservador y nada valiente que apuesta sobre seguro y por los cauces habituales del género, conformándose con languidecer con aparente solvencia en ese punto intermedio sin personalidad alguna donde nada apasiona, y nada molesta.

En parte por un guión que parece encajado, a golpes y a la fuerza, dentro de un contenedor de duración estándar. La sensación, de nuevo, es la de una miniserie reducida a película que se queda con las ganas de abarcar más de lo que los minutos de metraje le permiten, con dos historias desarrolladas en paralelo que en lugar de alimentarse entre ellas, se acaban entorpeciendo la una a la otra.

Ahí está el innecesario y marchito protagonismo de Guiomar Puerta y Carlos Cuevas, arrebatándole el aire a Blanca Suárez y Javier Rey, protagonistas del cartel pero no de una película que acaba siendo más de Pablo Molinero debido a su romanticismo de trazo grueso. Es la rabia y no el amor lo que está flotando en un ambientado sobrecargado que invita poco a la emoción, o a la vida.

Poco se aprendió de 'Los puentes de Madison', ejemplo idóneo de melodrama reposado, adulto y emotivo narrado en dos tiempos. 'El verano que vivimos' es un apaño apuntalado sobre una fórmula, y como tal se siente mecánica, inexpresiva, ajena. Si bien no se llega a hacer aburrida o pesada, si resulta frustrante en la medida que no hay nada que nos pille de nuevas o con la guardia bajada.

Un plato bonito, pero muy poco nutritivo y sobre todo, poco o nada emotivo. La historia del pasado requería de algo más del presente para que podamos sentirla como algo vivo, o vivido; como algo que pueda levantar alguna pasión. Pero no, 'El verano que vivimos' es tan sólo otro verano más que vemos pasar, así como una nueva ocasión de comprobar que Javier Rey es bastante sosete.

Y es que claro, partiendo de esta base, por lo pronto, no se entiende que los mucho más carismáticos Blanca Suárez y Pablo Molinero le presten más atención a él que a ellos.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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