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'La alegría de las pequeñas cosas' - El cielo puede esperar

Vía El Séptimo Arte por 09 de abril de 2020
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Estás en la cola del supermercado, esperando a que llegue tu turno, o tal vez estás parado en medio de un atasco, o bien esperas a que tu novia salga del probador de una tienda de ropa, o al autobús con el móvil en la mano; en fin, que estás algo distraído, cuando, de repente, la realidad que te rodea parece confluir hacia un único punto y hace que éste resplandezca. Y entonces te das cuenta de que acabas de encontrarte con uno de ellos.

Los momentos de inadvertida felicidad funcionan de esta forma: Pueden anidar en cualquier parte, dispuestos a sobrevolar sobre tu cabeza y hacer que abras los ojos en el momento más inesperado. Paolo, el protagonista de 'La alegría de las pequeñas cosas', tiene unos 90 minutos para reparar en estos momentos cuando el Paraíso, por un pequeño error de cálculo, se ha visto obligado a darle 90 minutos más de vida... antes de morir.

Esa mañana, como cada mañana, Paolo se había subido a su escúter para ir al trabajo. Pero al atravesar con el semáforo en rojo uno de los cruces que atravesaba todos los días con parsimoniosa tranquilidad, un camión lo arrolla. Y Paolo fallece. Una vez muerto, la vida eterna le espera. La vida eterna que creía tener en vida, en la que siempre había un mañana. En la vida, esa vida en la que siempre parece que hay un mañana.

Hasta que no lo hay y, como se suele decir, nuestra vida pasa ante nuestros ojos antes de morir. Un balance del que nadie puede escapar, y que por doloroso que pueda ser, no puede esperar a... mañana. Eso es lo que, a grandes rasgos, le ocurre a Paolo en 'La alegría de las pequeñas cosas', comedia dramática en clara consonancia con la cinematografía italiana que suena mejor sobre el papel de lo que reluce sobre la pantalla.

Una "dramedia" genuinamente italiana, potencialmente remakeable de forma insustancial por Telecinco Cinema en la que la comedia y el drama se complementan, más no se enriquecen en lo que es una evidente y nada sutil exaltación de esas pequeñas, y no tan pequeñas cosas que definen nuestra vida como algo que ha merecido (o no) la pena ante nosotros mismos. Ya se sabe, no dejes para mañana lo que puedas hacer... hoy.

'La alegría de las pequeñas cosas' está bien y se deja ver, pero está lastrada por ese gusto despreocupado por la divagación y el braguetazo tan italianos. No es especialmente divertida ni emotiva, tampoco particularmente perspicaz en lo que se siente una historia que funciona mejor sobre el papel. Que en resumen, no te agarra como lo hace la muerte para evitar las ocasionales desconexiones y divagaciones territoriales para con nuestra propia existencia personal.



Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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