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'La gran aventura de los Lunnis y el libro mágico' - 90 minutos de paz

Vía El Séptimo Arte por 19 de enero de 2019
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Este pasado domingo acudí al estadio de La Romareda por primera vez en mucho tiempo. Demasiado. Vivo en Madrid y habida cuenta del juego desarrollado en los últimos años, desplazarse hasta Zaragoza para poco más que nada era un riesgo evidente a todos los niveles. Ahora, con Víctor Fernández al frente, sé que al margen del resultado el equipo al menos dará la cara, y hasta el final como así de hecho fue.

El caso es que, ahí estaba yo, entrando en un estadio entrado en años que perfectamente podía haber inaugurado Francisco Franco con la cara de un niño chico. No me vi la cara, pero ni falta que hacía: La ilusión por estar ahí, por pisar el que mientras esté en pie será mi campo, no me la quita nadie. Esa cara de ilusión infantil, instintiva, genuina. Ese destello de cuando la edad no hace mella en la felicidad.

"¿Y a mí qué cojoncillos me importa?", estará pensando más de uno. ¿Me lo dice quién está leyendo una crítica sobre 'La gran aventura de los Lunnis y el libro mágico'? ¿En serio? Eso si son cojoncillos, pero no de los que hace falta para ver una producción así: Basta con ser padre a tiempo completo o parcial y tener esta afición que intentas transmitir a las generaciones cuyo VHS será YouTube.

En fin, que esa ilusión por pisar La Romareda bien podría ser la de mi sobrina al pisar la sala de cine para ver a su Lucrecia, que sí, que sí que sale. Esto es lo que importa, y de lo que trata 'La gran aventura de los Lunnis y el libro mágico': De estar sentado al lado de un niño durante 90 minutos sin caer en la tentación de mirar ni una sola vez el teléfono que aguarda como un demonio en el bolsillo.

La película, por si alguien lo dudaba, es lo que es: Supongo que fiel reflejo de un programa que en casa se muestra impotente de atraer ni el 50% de tu atención. Pero he aquí que no estás en casa, he aquí que ahora juegas de visitante. Y que estos 90 minutos de pasatiempo infantil, bien acompañados por aquellos capaces de prestarle el 100% de su atención, bien sirven para rememorar aquellos viejos tiempos.

90 minutos de paz, y 90 minutos en paz con el universo. Claro que lo uno no quita lo otro: Sí a mi me dieran a elegir o mi tiempo tuviera algún valor, me quedo con 'Astérix: el secreto de la poción mágica'.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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