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'Legado en los huesos' - La amabilidad del artesano, parte 2

Vía El Séptimo Arte por 05 de diciembre de 2019
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Si 'El guardián invisible' era una película "amable", ¿que no esperar si no más o menos más de lo mismo de una secuela respaldada por el mismo equipo técnico y artístico? Si algo no está roto, no lo arregles. Si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? 'Legado en los huesos' es otra película "amable", en la misma línea de lo que fue 'El guardián invisible', y en la misma línea de lo que cabe esperar y dar por sentado que más o menos, será 'Ofrenda a la tormenta'.

Recordemos, la segunda y tercera entrega de la Trilogía del Baztán se rodaron de forma simultánea, en una práctica del todo novedosa en un cine como el español. Una apuesta arriesgada que requiere de un considerable nivel de confianza, y que también reclama un cierto grado de seguridad a través de, por ejemplo, un espíritu continuista respecto a lo visto previamente. Tanto por el material de origen, como en lo que respecta a la mano que vuelve a mecer la cuna.

Es lo que más se recordará, y por lo que más se recordará a esta Trilogía del Baztán. Posiblemente. Una trilogía formada -por ahora- por dos películas como decíamos "amables": Al igual que sucedía con la primera, todo en 'Legado en los huesos' es impecable. Aséptico, pero impecable: Todos sus elementos, y por ende el conjunto, lucen con una elegante corrección de buen ver que objetivamente hablando, es irreprochable. Todo cumple, todo está... bien, aún más si cabe.

Demasiado bien, o solamente bien ya es otra historia a gusto un poco del consumidor. O en base a sus expectativas: 'Legado en los huesos' es como un menú del día, un filme de provecho que sin embargo no levanta pasiones. Pero lo que hace, lo hace lo suficientemente bien como para que podamos sustituir el "correcto" por el "amable". Por su facilidad de visionado, por su exquisito acabado técnico, por su ajustada relación entre pretensiones y resultados.

Porque a la segunda les ha salido una película algo más sólida, algo más entera, algo más profunda que a la primera... a pesar de un primer tramo un tanto espeso.

Además, Fernando González Molina es uno de los mejores artesanos que tenemos por aquí; quizá, porque tiene vocación de cineasta y no de realizador. Un hombre "de industria" tan impersonal como a su vez competente, capaz de arropar a un determinado producto de su oportuna apariencia: En el caso de un thriller, de atmósfera. De envolverlo en una elegancia estilística a juego con su género de forma premeditada e intencionada. De echarle azúcar al café.

Algo poco habitual por desgracia en el cine español -ahí están las recientes 'El asesino de los caprichos' o 'El silencio de la ciudad blanca' para corroborarlo...- que en este caso además se ve aliñado por un tercio final tan animado como precipitado, y sobre todo cualitativamente más entonado que el del primer filme. Un tramo final que casi fragmenta la película en dos partes bien diferenciadas y que aporta la sensación nunca negativa de que la película va a más.

También, el punto de satisfacción necesario para que un filme "amable" lo sea de forma agradable, y compensatorio respecto al pago de una entrada de cine. Lo suficiente como para ver con buenos ojos una 'Ofrenda a la tormenta' que cierre una trilogía que "se deja ver" a pesar de, posiblemente, no aportar nada especialmente relevante que la humanidad no conociese de antemano a través de otras películas. Si acaso dignidad, la de una producto comercial bien hecho.



Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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