'Ídolos' - ¡Ka-chow!
Es fácil prejuzgar una película como 'Ídolos', también muy tentador. La 'F1 La película' de marca blanca. Es fácil, tentador... y acertado, pues encaja en el perfil del relato deportivo en el que todo lo que no se mueve a más de 100 km/h es relleno. Uno puede saltar de finde en finde, de carrera en carrera sin perderse nada de interés, en un "entre medias" rutinario, básico y nada sorprendente.
Como la vida misma.
Eso es en resumen 'Ídolos', ese compás de espera que hay entre carreras. Un sucedáneo que ahora recuerda muy mucho a 'F1 La película'. Más que nada, porque es la versión más reciente (y lograda) de este modelo de producción que ya lo sea o no, parece casi tan antiguo como lo pueden ser el deporte o el cine. Al menos para nosotros, jovenzuelos, que no los vimos nacer ni desarrollarse.
En 'Ídolos' no hay mucho que desarrollar: Es el producto comercial que sin disimulo parece ser. Una suerte de 'F1 La película' doméstica de marca blanca. Con motos en vez de coches y un adolescente enamoradizo en vez de un yankee madurito. Juzgándola con la prepotencia habitual de un equipo grande, no hay mucho que hacer: Siempre va a ser la versión pobre, la de andar por casa.
La americanada/españolada del estilo a 'Alas rotas', quien aún tenga el valor de recordar ese "Top Gun" patrio de 2002. 'Ídolos' es un sucedáneo mejor y más digno que aquel desastre aéreo. No era difícil; además, han cambiado los tiempos y cineastas como Bayona o Amenábar han demostrado que en España se pueden hacer películas que luzcan incluso mejor que las del mal Hollywood.
Es cierto que 'Ídolos' no es rival para 'F1 La película', tanto como se suponía que tampoco lo era el Albacete para el Real Madrid... pero es una réplica para las noches de Cuatro honesta y de fácil consumo que al igual que otras muchas marcas blancas, dentro de sus obvias restricciones y limitaciones, da el pego como reverso "low cost"; cuanto menos, cuando se pone a más de 100 km/h.
El resto, clichés, adolescencia y demás servidos sin el carisma, encanto, madurez y pegada de Brad Pitt (y el buen Hollywood).
Lo difícil no es hacerla, sino venderla.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex



