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'El bailarín' - La elegancia sin emoción

Vía El Séptimo Arte por 01 de mayo de 2019
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'El bailarín' retrata la vida del que fue uno de los bailarines de ballet más importantes del mundo, Rudolf Nureyev, desde su miserable infancia en la ciudad soviética de Ufá, pasando por su madurez como estudiante de danza en Leningrado, hasta su llegada a principios de la década de los 60 a París, una ciudad que en aquel entonces era el epicentro de la cultura occidental.

'El bailarín' es en esencia lo que conocemos como un biopic. Como igualmente en esencia su director, Ralph Fiennes, es un actor o su principal protagonista, Oleg Ivenko, un bailarín. Es quizá por eso mismo que la película se mueva entre ambas artes, el cine y la danza, de la misma manera que se mueve entre el drama, el biopic, el respeto, la vida o sus intenciones: Dando tumbos.

A un servidor le viene a la cabeza 'Yuli', el también llamado biopic en este caso sobre Carlos Acosta protagonizado por un bailarín: El propio Acosta. Fiennes, al igual que la no menos honorable Icíar Bollaín con aquella, lo intenta con música y danza, de largo, por descontado, lo mejor de una película a la que quizá ayuda tanto como perjudica. La realidad es lo que tiene, que simplemente es.

Una película sin embargo lo aparenta, en una simulación que con mayor o menor elegancia pocas veces es capaz de escapar de ese molde, demasiado a menudo rancio, que supone narrar la vida, obra y milagros de un alguien cualquiera. Hay historias que suenan mucho mejor cuando se leen que cuando se ven en pantalla; cuando inviertes 10 ó 15 minutos en lugar de las dos horas de rigor.

'El bailarín' trata de solventarlo tornando su narrativa en algo caótico, disperso y desordenado, en un intento loable pero relativamente fallido por capturar y transmitir una pasión que, como tantos otros biopics, se limita a señalar. Como ver a los toros desde la barrera cuando la intención era, o debería de ser, hacernos sentir que estamos sobre la arena sujetando el capote.

Al igual que la mencionada 'Yuli', 'El bailarín' se deja ver aún con sus (inoportunos) desvarios argumentales. Una apuesta respetable y bien ejecutada con no pocos momentos logrados que, no obstante, acaba igualmente rendida ante la losa del biopic que abarca sin apretar: Esa en donde se rinde tanto respeto que la preciosa magia del cine acaba sepultando al sucio nervio de la vida.

Y en donde lo elegante deja de ser emocionante.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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