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'Monos' - El rey de la montaña

Vía El Séptimo Arte por 18 de febrero de 2020
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En la cima de una imponente montaña, en lo que a primera vista podría parecer un campamento de verano, ocho jóvenes guerrilleros apodados "Los Monos" conviven bajo la atenta mirada de un sargento paramilitar con una única misión: Cuidar muy de cerca a Julianne Nicholson, una doctora norteamericana a la que han tomado como rehén.

'Monos' está descrita oficialmente como "un viaje salvaje e hipnótico a través de la selva con el que su director, Alejandro Landes, reflexiona con dureza sobre las FARC". "Salvaje e hipnótica", acertada elección de palabras. Aunque también lo hubieran sido "contundente y fascinante", o "imponente y apasionante". Que no sea por falta de entusiasmo.

'Monos' es una película que se mueve, con muchísima virulencia, por ese ángulo ciego donde no existen el bien ni el mal; tan sólo, el instinto de supervivencia del ser humano en toda su expresión: Física, espiritual y sobre todo, mental. Aunque más como un animal solitario que como parte de una manada. La difícil supervivencia de un individuo frente a una sociedad que tiende a negarnos a través de nuestra aparente necesidad de encajar, ya sea genuina o simulada.

La tercera película del colombiano Alejandro Landes es un majestuoso y contundente cruce entre 'El señor de las moscas' y 'Apocalipsis Now'. Un viaje "al corazón de las tinieblas" eminentemente plástico, visceral, en dónde una imagen (sin necesidad de recurrir a lo explícito) vale más que las mil palabras que puede llegar a provocar en nuestras acomodadas y abotargadas cabecitas de clase media que ven el mundo desde la ventana (de las redes sociales).

El horror y la belleza caminan estrechamente cogidas de la mano en esta cruda, amoral y muy humana epopeya que no dejará a nadie indiferente gracias a que, en esencia, su discurso solo atiende a las razones más puras, simples y a la vez, incómodas: Aquellas ante las que, llegado el caso, nos dejan al servicio de nuestra propia mortalidad.

A merced de nuestra individualidad.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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