'Predator: Badlands' - Un buen día para morir
Estoy muy a favor de lo que parece querer hacer Dan Trachtenberg en su tercera película de DEPREDADOR, la primera que 20th Century Disney estrena en salas... Tres películas diferentes, tres películas claramente reconocibles, con tres planteamientos distintos pero complementarios. Tres películas que buscan expandir el lore de la franquicia, darle una mayor amplitud a lo que hasta el momento era el "explotation" habitual.
Por lo pronto, en 'Predator: Badlands' el protagonista es él. El DEPREDADOR, como nunca lo hemos visto, ejerciendo no ya sólo de cabeza de cartel, sino también asumiendo, a lo 'Maléfica', el papel del "bueno" de la función. Estoy muy favor de lo que parece querer hacer Dan Trachtenberg con su tercera película de DEPREDADOR, como también lo estaba (y lo sigo estando) con Paul W.S. Anderson y su 'Alien Vs. Predator'.
Sin embargo, 'Predator: Badlands' se parece más a 'Alien Vs. Predator 2' que a su antecesora, algo ciertamente sorprendente siendo Trachtenberg también el responsable de 'Predator: La presa' y 'Predator: Asesino de asesinos'. No parece casual, pues, que la primera película de la saga que no tiene presencia humana delante de las cámaras -pues Elle Fanning no cuenta- sea, también, la primera que no tiene una calificación R.
La primera que a su vez humaniza al DEPREDADOR y se adentra en su familia... lo que sí bien puede ser interesante sobre el papel acaba siendo un error al desnaturalizar y desvirtuar su condición de amenaza. Hasta convertir a un gran villano en un cosplay de mercadillo, cuando no en un efecto CGI de poco impacto y escaso encanto. Es la palabra clave: 'Predator: Badlands' carece de humanos, pero sobre todo de encanto.
También de colmillo, de mala sangre, y de la característica fisicidad de la saga y el personaje. Hasta el punto de no parecer una película de DEPREDADOR, sino un obvio mandato comercial para rejuvenecer y darle mayor alcance social a la saga. Aunque sea a costa de pervertirla y desustanciarla como suele hacer Disney con todo: A base de una ingente e innecesaria sobredosis de efectismos digitales no demasiado convincentes.
Cierto es que Trachtenberg se sale de la media, y aun en conflicto constante con la película nos regala no pocos momentos o imágenes que la dignifican; no tanto como película bastante amaestrada como un blockbuster complaciente no del todo a gusto en el seno de Disney. Un blockbuster videojueguil plano y mucho sintético al que matar de forma cruel pero indolora donde no falta un bicho que pueda ser usado para vender peluches.
Tiene su porqué, como la película. Porque no se puede negar que 'Predator: Badlands' tiene un porqué que la sustenta y la sostiene, una ocasional elegancia formal o a una Elle Fanning que sin piernas tiene su gracia. Pero una película de DEPREDADOR conlleva una responsabilidad que Trachtenberg parece obviar a la tercera con el beneplácito de una 20th Century Disney que seguro aplaude hasta con las orejas algo tan dócil y juvenil.
No es que la Fox tratase especialmente bien un personaje que sigue viviendo demasiado del recuerdo de 1987, pero al menos todas sus producciones tenían una cierta personalidad, encanto y alto grado de artesanía. Sin embargo esta 'Predator: Badlands' sufre del clásico hinchazón de los grandes estudios: Una lluvia de millones de dólares para que los de efectos especiales hagan el trabajo más sucio y le tapen las vergüenzas.
Una estandarización infantiloide próxima a las de Marvel Studios o Star Wars, con Disney mediando para que todo se mantenga dentro de un cauce recatado e inofensivo que en un mal día pueda resultar entretenido, como podía ser 'La jungla: Un buen día para morir', pero que en un buen día se antoja insuficiente e incapaz de satisfacer las expectativas que genera una saga como la de 'Jungla de cristal'. O como la de DEPREDADOR.
Lo que ocurre con 'Predator: Badlands', un decepcionante y deshumanizado downgrade descaradaramente comercial y familiar respecto a las otras dos entregas previas de Trachtenberg, 'Predator: La presa' y 'Predator: Asesino de asesinos', mucho más auténticas, puras, respetuosas y honestas.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex








Como la gente que dice: "Si al final el señor de los anillos es gente andando para llegar a tirar un anillo, tanta historia."
Pero en el caso de darth, tiene un estilo propio para hacer las reseñas de películas, que siempre va en esa sintonía, es consciente de como lo hace y nos partimos de risa y lo amamos por ello
Además Darth le ha dado 4,5 de nota así que le ha gustado más de lo que parece.
Ante todo, conviene situar la obra dentro del linaje que inauguró Predator bajo la dirección de John McTiernan: una pieza de relojería muscular donde el subtexto colonial y la dialéctica cazador-presa se camuflaban bajo testosterona selvática. Más tarde, Prey tuvo el acierto —casi ilustrado— de devolverle al concepto cierta dignidad antropológica y un minimalismo narrativo que rozaba lo elegante.
Badlands, en cambio, parece debatirse entre el homenaje reverencial y la explotación industrial. No es una película incompetente; sería injusto sugerirlo. Pero sí adolece de esa sensación tan contemporánea de producto calibrado por algoritmo: correcta en sus códigos visuales, predecible en su progresión dramática, y algo temerosa de arriesgar en el plano simbólico.
Visualmente, la cinta posee una factura que podría calificarse de solvente: fotografía contrastada, diseño de criatura respetuoso con la iconografía clásica, banda sonora funcional. Sin embargo, uno percibe que el misterio —esa cualidad casi metafísica que hacía del Depredador una presencia totémica— ha sido sustituido por una exposición excesivamente explicativa. Lo que antes era mito ahora es lore; lo que antes era amenaza ahora es franquicia.
En términos de dramaturgia, el guion cumple sin trascender. Los personajes parecen concebidos más como engranajes de tensión que como verdaderos sujetos trágicos. Hay competencia técnica, pero escasa grandeza. El relato avanza con la eficacia de una maquinaria bien lubricada, aunque sin el temblor existencial que convierte el entretenimiento en experiencia.
Badlands no ofende la inteligencia, pero tampoco la estimula con audacia. Es cine de consumo respetable, una pieza que se deja ver sin rubor y se olvida con sorprendente rapidez.
En síntesis: una obra que honra la marca sin expandir su mitología; que administra su herencia sin reinventarla; que entretiene con disciplina, pero sin fuego.
para gafapastas
En ambos casos...